viernes, 4 de mayo de 2012

La Princesa de las Rosas



Capitulo 2: El trato. 


-Joven ama, aquí esta el señor Hiug.- anuncio Fred, uno de los sirvientes, abriendo las puertas dobles de la mansión.

Un hombre de cabellera azabache, ojos profundos y piel como la porcelana, con un rostro que demostraba no tener mas de treinta años. Entro con pasos elegantes y una sonrisa perlada muy burlesca. Su vestimenta daba a demostrar ser un noble de alto rango. Ese era Simon Hiug, un caballero con tanto dinero como carisma y tantas mujeres como tierras inglesas. Un tipo sin igual y bastante cotizado entre las señoritas de la alta sociedad.

-Mi lady.- canturreo Simon, notando como en su campo de visión aparecía una adolescente con una expresión sombría y un mayordomo vestido todo de negro. Como es costumbre, su adorada sobrina tan cariñosa como siempre y aquel tipo siguiéndola como sombra.

-Hiug.- respondió ella en respuesta, sin cambiar el tono de voz y mirándolo… con desprecio y ganas de matarlo, solo para que callara esa boca. Preferiblemente hasta su muerte. Haría un gran favor a la humanidad.

-Tan hermosa y esplendorosa. Nunca lo dudo de ti…- inicio casi gritando.

-Baja tu tono y ve al grano.- corto el tema, girándose sobre sus talones, entrando al gigantesco comedor. Decorado en colores neutros y cientos de rosas de diferentes colores, llenando el lugar de aquella suave fragancia. Hiug la siguió riendo por lo bajo y Samuel ya ni se encontraba. Había ido a ir a buscar la comida.

-Tu amor, me cala hasta lo mas hondo.- el hombre continuo con el drama, haciendo un par de expresiones innecesarias, acompañadas de pucheros.

-Despreciable.- murmuro Celeste en un suspiro. Nunca cambia ese tipo, en definitiva.

-Lo se cariño, es parte de mi encanto.- sonrió mas amplio y la miro directo a los ojos, con aquellas gemas plateadas, los ojos de la muchacha tan azules como el océano,  no cambiaron en ningún momento… seguían igual de vacíos y fríos. Nadie podía cambiarlos, ni el mismísimo diablo en persona.

-Te repito… ¿Qué quieres? No tengo todo mi tiempo, para ti. Tengo muchísimas cosas que hacer.- la chica estaba a unos segundos de levantarse de su asiento y largarse para cumplir sus trabajos diarios. Pero no pudo. Su mayordomo apareció de la nada con el almuerzo, el cual le dio a ambos. Los dos comieron sin dirigirse palabra alguna. Tal vez así, pasaría todo mas rápido. Terminando el almuerzo y casi de manera inmediata, apareció el hombre de negro con el carrito de te y todos los postres. La desgraciada adicción y punto débil de Celeste. Ahora si que no se podría escapar.

-Disfruten el te de hoy, tenemos earl grey y unos pastelillos de chocolate con frutas en acompañamiento.- el mayordomo inicio con su ama y luego le entrego su parte a el amo Hiug.

La rubia tomo su tasa y como siempre cerro los ojos unos segundos, cuando llevo el te a sus labios… aspirando el dulce aroma. Earl grey, su favorito. Sonrió casi de manera imperceptible, para luego tomarlo. Al terminar el primer sorbo, regreso la vista al hombre que se hallaba sentado al otro lado de la mesa, que desde el inicio no aparto la mirada de la joven, captando cada movimiento. ¿Para que? Ni idea.

-Eres hermosa.- soltó como si nada, ahora el tomando su te.

-¿A que viene eso?- su cabeza se inclino tenuemente, de verdad que se trae entre manos.

-Tu rostro, siempre me recuerda a mi hermano y me trae tantos buenos recuerdos.- aquel comentario casi se sintió como si el hablara solo. Celeste estaba a punto de gritar algo, pero Hiug prosiguió- Tu no lo recordaras, porque solo tenias cinco años… pero un día como cualquiera, que vine a visitar esta casa y tu como siempre corriste a mis brazos a saludarme. Tu padre me hizo una petición o mas bien fue un comentario, que aun no estoy del todo seguro, si se lo pedía a el mismo o a mi  “Celeste, ella es una pequeña tan fuerte y decidida, se que será una gran mujer. Pero sola no podrá, es tan enérgica como débil y se que no podre dejar tanta responsabilidad en sus manos. Y posiblemente al final, sea el malo del cuento, sin embargo cuando ella cumpla los dieciséis. Necesito tu ayuda, para conseguir posibles prometidos para mi hija… no me importa, lo que piense. Así se hará. Por favor, confió en ti”.- se detuvo por un segundo y luego sonrió con nostalgia- Se que ahora seré el malo de la historia, pero cumpliré el deseo de tu padre.- concluyo.

-¿Qué?- la chica se levanto de golpe y un sudor invisible recorrió sus manos. ¿Qué clase de petición tan ridícula, era esa?

-Lo que oíste, puedes hacer todos los berrinches que desees. No me interesa. ¿Sabes? Nunca fui un buen hermano, pero cumpliré la única petición que me hizo de una manera tan seria, que los vellos de mis brazos se erizaron.- por primera vez y por los dieciséis años que Celeste llevaba viviendo, vio como Simon Hiug mantenía una mirada completamente dura y sincera. Como si tratara de trasmitir que no daría su brazo a torcer. Un nudo en el estomago se le formo a la chica. No lo queda de otra.

-De acuerdo.- asintió derrotada y bajando la cabeza. Si era tan cierto aquello, ella no dudaría. Era su padre, después de todo.

-Perfecto, en una semana los traeré para que los conozcas.- Hiug se levanto y camino hasta ella. Tomando su mano y luego depositando un beso en esta.

-¿Y como se que podre confiar en ellos?- de repente jaloneo su mano, regresando su duda y mostrándose poco convencida.

-No te preocupes, lo tengo todo planeado. Ya luego te relatare mi plan, cuando el llegue el día de la presentación.- su sonrisa picara resalto en su mejilla derecha- Nos vemos en una semana.- soltó de golpe. Girándose y caminando a paso despreocupado hacia la puerta, luego dando una despedida de mano y cerrando la puerta.

-Samuel.- la joven llamo a su mayordomo a penas su tío había desaparecido.

-Dígame.- camino casi volando hasta ella.

-De verdad no puedo ni pensar, prepara mi vestido para la fiesta. Quiero que esto acabe de una buena vez.- se paro y también se dirigió a la puerta. Pero en vez de seguir el camino de Hiug, se encamino a su habitación.

Luego de un par de horas, Celeste Applewhite se encontraba completamente lista. Con un hermoso vestido azul marino, lleno de listones negros y un peinado recogido, que adornaba su hermosa cabellera rubia con prendedores de diamantes. De accesorios, como siempre cargando su típico collar y anillo. Agregándole aquel anillo, que solo usaba en eventos sociales que representaba a su familia, era de plata y una gran piedra de color zafiro, que encajaba perfectamente en su dedo meñique.

El carruaje la esperaba en la entrada y su mayordomo a un lado, con la puerta abierta. En la espera de la partida de su joven señora, que como siempre iría con ella. Solo unos minutos después ella apareció. Caminaba con la barbilla en alto y la mirada fija, toda una mujer que demostraba ser poderosa. Claro, era lo que había aprendido en sus años de vida. Nunca mostrar debilidad y mucho menos emociones.

-Se ve esplendida, como siempre.- la acortejaran Fred y Marcus, los gemelos y actuales sirvientes mas importantes de la mansión. 

Los miro a ambos y asintió. Con ayuda de Samuel, entro al carruaje para que el luego lo abordara y sin mas partiera.

-Joven ama, ¿Esta de acuerdo, con lo que le dijo esta mañana el Señor Hiug?- el mayordomo rompió el silencio, los ojos azules de ella se clavaron de inmediato en el.

-Por supuesto que no.- respondió enseguida.

-Y entonces ¿por qué acepto?- Samuel sonaba algo interesado, pero de sobra se le notaba que tenia ciertas ganas de burlarse.

-No es tu problema.- lo corto sin mas. Sus ojos se volvieron de hielo. Se acomodo los guantes negros que resaltaban por aquella piel tan pálido. Y luego lo ignoro.

-Jeje.- fue la respuesta que obtuvo de su mayordomo.

-Tu solo, sigue tal como has hecho hasta ahora. Si yo te doy una orden, igual la harás. O es que… ¿Tendrás las agallas, para romper el trato?- sonrió de medio lado y regreso su vista a el.

-Claro. ¿Cómo seria capas de desobedecerla? Acaso, ¿alguna vez he hecho lo contrario?- la reto esta vez de manera burlona el.

-Por los momentos.- se encogió de hombros- Solo te recuerdo.- el carruaje se detuvo. Era obvio que llegaron al destino. Samuel aun manteniendo su rostro maquiavélico, se bajo y luego tal como la ayudo a subir, realizo el mismo acto, para que pudiera bajar con mayor facilidad. Celeste al pisar tierra firme, solo se dedico a caminar y entrar a la celebración, que a ella no le importaba ni un comino.

Mientras caminaba de manera casi automática, por su mente fluyo los recuerdos de cómo conoció a Samuel.

*Flashback*

-Gusto en conocerte.- una figura masculina se atravesó en su campo de visión. La joven que se hallaba con la mirada perdida y con expresiones espeluznantes, lo miro sin demostrar nada, saliendo de su burbuja oscura en la que se encontraba sumergida, en una de las esquinas de su habitación. Se encontraba abrazando sus rodillas y arrastrando las uñas por el suelo, el cual ya estaba marcado con profundidad. Su cuerpo también portaba cicatrices frescas, de uñas, que recorrían desde su pecho, vientre, brazos, piernas y rostro. Casi ningún espacio de la pálida piel estaba en condiciones, sino toda maltratada y se podía ver en ciertos lugares la carne. Mas sin embargo cierto lugar se encontraba en peores condiciones, casi desgarrado el musculo, y ese era el lado izquierdo del su cuello.

-¿Quién eres?- su pregunta hizo eco en la habitación. Aquel sonrió y una sonrisa blanca, sumamente macabra se extendió en su rostro.

-Seré quien tu quieras, pero principalmente vine aquí porque quiero hacer un trato, contigo.- el hombre camino un par de pasos y se agacho hasta llegar a la altura de ella, clavando unos orbes escarlatas en los ojos azulinos de la joven.

-¿Qué clase de trato?

-Tu alma, esta llena de odio, venganza y de oscuridad. Pero a pesar, se ve tan deliciosa y dulce.- la sonrisa se amplio- Deseas revancha y yo te ayudare a obtenerla.- asintió como si fuera obvio.

-¿Tu no eres humano?- los ojos de Celeste se ampliaron ligeramente y con todas sus fuerzas trato de descifrar los rasgos de la creatura desconocida.

-Muy perspicaz.- le alago esta vez acercando mas el rostro de nuevo.

-¿Qué eres?- su pregunta no demostraba miedo, solo duda.

-Un demonio.- contesto de manera burlona- ¿Entonces, haremos un trato?

-Si.

-Excelente, yo cumpliré toda tu venganza de la manera que desees. Luego cuando todo haya acabado. Recibiré mi compensación.- se paro de un movimiento y la llevo a ella también, pegándola contra su cuerpo.  Acaricio los rasguños del rostro de la preciosa joven, haciéndolos casi como por arte de magia desaparecer al igual que el dolor.

-¿Mi alma?- solo se cercioraba, aunque al final a ella no le importaría. Le daría todo lo que tiene casi quedándose en la calle, solo para que pudiera obtener sus deseos. El demonio asintió- Tenemos un trato.-extendió su mano, para estrechar la de el. Pero la ignoro y en cambio, dirigió su mano al cuello en la parte izquierda de Celeste y un toque le recorrió el cuerpo. De esa forma apareció la cicatriz de estrella y púas. El la separo y luego vio como una cicatriz que al día siguiente se daría cuenta que era la misma, se extendía por la mano derecha de la figura a la cual no le podía ver el rostro- ¿Cuál es tu nombre?

-El que desee.- las cicatrices de ambos aun brillaban. Creando una tenue luz.

-Tu nombre será Samuel, Samuel Jones y serás mi mayordomo.- la chica se separo y hablo con una voz mas clara y fuerte.

-¿Así que seré su mayordomo? Fascinante.- murmuro y luego una luz envolvió al demonio, haciendo que de la nada las velas se encendieran. Ahí fue cuando por primera vez vio, al que seria casi su sombra. Samuel, que parecía un hombre joven, de cabellos como la noche algo largos y desordenados, ojos fuertes, un cuerpo fornido y trabajado, a demás de alto. Enfundado en un traje negro.

*Fin del Flashback*

-Buenas noche Lady Applewhite.- alguien intento captar la atención de la chica, la cual regreso de golpe a la realidad. Miro al dueño de la voz, un chico que probablemente tendría su edad de cabellera rubia como el sol, la cual resaltaba unos ojos verdes- Mi nombre es Vincent, Vincent Drem.- en su mente, busco la lista de nombres de los nobles y lo encontró, hijo de el dueño de la bolsa inglesa.

-Encantada.- tomo su vestido haciendo la reverencia de toda dama, la cual el imito pero como lo haría un caballero.

-¿Le gustaría bailar?- genial, quería terminar lo mas aprisa esa velada y ahora tendría que bailar con un hijito de papi. Asintió y se dejo llevar hasta la pista. Cada uno tomo su posición, para luego iniciar la danza que a ellos parecía vérsele tan natural. A demás que ambos encajaban tan bien desde el exterior, mas ella solo quería que el muriera. Sino, estuviera en un lugar rodeada de gente, le ordenaría a Samuel a terminar con la vida de ese tipo.

-Eres muy bella, créeme opacas a todas las demás.- la alago con aires algo fingidos. Ella sonrió mas no dio una respuesta a eso, no valdría la pena.

-Disculpa.- una voz se escucho a las espaldas de la joven, ella suspiro y el rubio con quien bailaba se vio algo enojado. Al parecer, habían arruinado su movida. Celeste se sintió aliviada, mas sin embargo molesta de seguir con eso del baile. Que a pesar de que ella le iba de maravilla en eso, lo detestaba con toda su alma. Otro par de brazos la rodearon y de inmediato unos ojos chocolates se clavaron en ella, un joven de lisa cabellera y cara de niño, la observo y sonrió enseñando sus perlas blancas- Mucho gusto, me llamo Alex Treiz.- otro hijo de papi y lo peor que con gemelo, heredero de las compañías Trek de trenes, la mas famosa de Europa.

Bailo casi lo mismo que con Vincent, probablemente unos quince minutos y luego el chico de ojos castaños, le presento a su hermano, Austin… con el cual también tuvo la obligación de bailar. En realidad, ya se sentía mareada y quería largarse.

Como si leyera sus pensamientos, Samuel apareció poco después, anunciando que debían retirarse por asuntos de carácter importante. La joven como tal, se despidió de aquellos hermanos, los cuales no terminaba de agradarles y salió de ahí lo mas rápido y de forma elegante que le permitió la etiqueta de alta sociedad.

El carruaje la esperaba y sin demorar mucho entro, pero antes de que pudiera irse y justo cuando miro el camino que había recorrido. Vio a un hombre, de cuerpo musculoso y altura excesiva, de cabellera corta, el cual fumaba un cigarrillo de manera despreocupada. A pesar de que quería seguir observándolo, tuvo que apartar la vista, ya que la mirada de aquel se poso en ella… de manera acusatoria y llena de rencor.

-¿Se encuentra bien, joven ama?- pregunto Samuel a Celeste, al verla tan pálida como el papel. Mas ella agito la cabeza. ¿Qué rayos? ¿Por qué su cuerpo había reaccionado de esa forma? Ella no lo sabe, pero ese tipo solo produce escalofríos y lo único que espera es mas nunca verlo en la vida… al igual que los otros tres acosadores con los que bailo.


No dire nada, porque se que seran estupideces. Espero les haya gustado. Espero sus coments y sus tomataasos DD:. las adoro mis amores, y yo pire. Chaii :3

4 comentarios:

Angel dijo...

Me ha fascinado y me ha enganchado espero el capitulo 3 con ansias. Besos♥

Lalee M. Delgado dijo...

me encanto !!!!!!!!!!!!!♥ ese trato juju, ya quiero leer mas♥

Nancy dijo...

Me encanta, que lindo tu blog.
Un beso!

Gise dijo...

¡Hola Vivi! ¿cómo estás? Si, lo sé, tarde un poquito en leerte, pero aquí estoy, maravillada con todo lo que escribes *-*.
Y tenia una leve sensación de que Samuel era algo raro ¬¬, bueno ahora ya sé porque. Me gusta el carácter de Celeste, y quien sera ese hombre que apareció al final... *-* ¡misterio!
Bueno, me ha encantado el capitulo, como siempre ^^.
Cuídate muchísimo, y adiós.