sábado, 28 de abril de 2012

La Princesa de las Rosas



Capitulo 1: Es mas que deliciosa.

La luz se filtraba tenuemente a través de las cortinas azul pálido, mientras se oía el suave cantar de las aves. La mañana había iniciado.

Pasos sonoros resonaban en el pasillo, que aumentaban dándose a entender que alguien se acercaba a la habitación. Un golpecito en la puerta y una cabeza asomada por esta, fue lo siguiente. El joven hombre que no superaba mas de veinticinco años entro con movientes agiles, llevando con el una especie de carrito.

-Señorita, despierte por favor.-  hablo aquel con su voz aterciopelada pero a la vez varonil.

La chica que se hallaba en la cama, parpadeo un par de veces algo ida y confundida. Su cabellera dorada callo de golpe sobre la espalda, en el momento que se sentó con pereza sobre el colchón. Estiro lo mas que pudo los brazos y un suspiro se escapo de sus labios. Abrió ambos ojos de par en par y miro a aquel hombre, su mayordomo, que en ese momento se encontraba sirviendo el te de manera impecable, manteniendo aquella expresión monótona y neutral.

-El te de hoy, es una mezcla de finas yerbas y un poco de menta.- le tendió la taza a la joven, la cual la tomo y sin vacilar se la llevo a los labios, cerrando los ojos y aspirando aquella fragancia tan delicada.

-¿Cuál es el itinerario de hoy?- pregunto la rubia, regresándole la taza luego de haber terminado. El mayordomo le ayudo a ponerse en pie, posicionándose luego detrás de ella.

Aquel hombre vestido de un traje tan negro como la noche y  perfectamente pulcro, posiciono su mano en la nuca de la muchacha para ser mas exactos en la parte izquierda y de un movimiento recorrió aquella cortina de cabellos a un lado, dejando ver una marca un tanto extraña… de una estrella dentro de un circulo de púas. Hizo caso omiso a esa imagen que el ya estaba mas que acostumbrado de ver y continuo hasta el botón de la prenda de ella, la cual desabotono. Dejándola en paños menores.

-Hoy tiene clases de piano y violín, en la tarde tiene una reunión con el Amo Hiug y a demás que en la noche debe asistir a la fiesta de la Condesa Keig.- recito como si leyera una lista, mientras rápidamente ataba los listones del corsé de la rubia. Al terminar se dispuso a colocarle el vestido. Se tomo su tiempo para que esa pieza original y sumamente costosa, no se arruinara o se arrugara.

-Samuel, quiero que todo este perfecto para cuando llegue el Sr. Hiug, es un hombre demasiado exigente y no queremos ningún escandalo innecesario.- ella detestaba los chismes y estar involucrado en uno solo significaba molestias, a demás que no le molesta mancharse las manos de sangre… aunque ahora no esta de ánimos.

-Como ordene, señorita Celeste- afirmo solemne. Lo ultimo fueron los zapatos…ya había terminado de vestir a su ama.
La chica de ojos azules camino por la habitación, sentándose en el taburete frente a un gran tocador. Se miro al espejo, la viva imagen de su padre… los mismos ojos, la misma cabellera pero mas frondosa y larga, los pómulos altos y rosados, una nariz tan fina, y los labios delicados. Toda una muñeca de porcelana.

Samuel camino y volvió a detenerse justo detrás de ella, con un peine en mano como si se tratara de algo frágil, cepillo aquella melena dorada. Hasta que quedo domada. Luego le hizo uno de esos peinados, que solo ese hombre podía hacer. Prosiguiendo a colocarle los últimos toques de su vestimenta a su joven ama, una pulsera de diamantes delgada en su brazo izquierda, un collar con un precioso dije de plata con una estrella muy similar a la marca de su cuello y como toque final su usual anillo de plata en forma de rosa… un gran diamante adornado con diminutos diamantes color rosa. El cual nunca, pero nunca se quita.

Ya estaba lista.

Celeste se levanto y camino en dirección a la puerta, y como siempre a sus espaldas la seguía muy de cerca Samuel… casi como una sombra. No era de extrañarse, esa es la tarea de todo mayordomo, atender las necesidades de su amo y hacerlo feliz, a demás de protegerlo sin importar que o quien.

Casi llegaba a su salón de practica, cuando unos brazos la envolvieron fuertemente y la alzaron del suelo. La chica suspiro. Conoce esos brazos mejor que nadie. Como pudo se deshizo de su agarre.

-Caleb cuántas veces te he dicho, que no hagas eso.- murmuro con voz cansina. Siguiendo con su camino y dejando atrás al muchacho que le llevaba un par de años mas, y que actuaba como un crio de cinco.

-Primita, eres demasiado aguafiestas.- reprocho el castaño cruzando los brazos sobre el pecho y haciendo puchero. La siguió casi pisándole los talones y empujando a Samuel, que para el simplemente es un estorbo- ¡Vamos a jugar!- grito casi saltando de un lado a otro, como siempre la chica lo ignoro. Tomo su violín y de un solo movimiento hizo que emitiera un chirriante sonido, que a cualquier persona le haría sangrar los oídos. Al instante Caleb se detuvo y la miro con el seño fruncido.

-Si no tienes nada que hacer acá, lárgate.- enfatizo la ultima palabra y luego miro a Samuel- Por favor, guía a este “invitado“.- casi escupió esa palabra con repulsión- desaparécelo de mi vista.- se giro y espero a la respuesta de su mayordomo.

-Si, mi señora.- el hombre de traje negro llevo su mano al corazón y luego hizo una reverencia. Su mirada fue hasta el castaño que lo escrutaba y tenia el puño preparado para el primer movimiento.

-Ven hacia mi, no te tengo miedo, remedo de pingüino barato.- levanto ambos puños y lo miro retador. Si no queda ni una duda, Caleb es como un niño pequeño, terco y sumamente testarudo. El otro hombre sonrió burlón, a veces se le ocurrían unas buenos insultos precarios. Camino un par de pasos en su dirección, solo un metro los separaba- ¡Vamos! ¿Qué? Ahora me tienes miedo, que patético eres.- sus alaridos resonaron en toda la habitación. El chirrido del violín regreso, pero esta vez el doble.

-Basta. Caleb has lo que quieras, pero cállate y tu Samuel, prepara mi atuendo para la reunión con Hiug, es difícil hacer que este imbécil coopere… solo olvídalo.- en ningún segundo aquella joven giro para mirar a ese par de idiotas, es mas su voz se mantuvo monótona y firme. Casi como si su voz pudiera quebrar el frio hielo.

-Con certeza.- fue lo único que obtuvo del monumento de hombre, antes de desaparecer por la puerta en completo silencio.

-Entonces Celestes…

-Te dije que te callaras, estoy en mi tiempo de practica. Cuando acabe podrás decir todas las sandeces que desees, por el momento ni se te ocurra despegar los labios y siéntate.- su mano señalo un sillón que quedaba casi al otro lado de la habitación, mas sin embargo, el obedeció.

Celeste Ann Applewhite Lodge, conocida como La Princesa de las Rosas, debido a su difunta madre que era conocida como la Reina de las Rosas., también gracias a su familia que fueron los inventores de una especie desconocida y sumamente hermosa de rosas… que ya luego ella dio a conocer mundialmente. Su padre, también difunto, era el Conde Applewhite, el dueño de los viñedos mas grandes y famosos en Europa. Su familia con un gran historial de tierras e invenciones raras, todas heredadas a ella… la sobreviviente del ataque a la mansión Applewhite, que por ende ahora es renombrada la Condesa de las Rosas.

Una experta en el piano, una maestra con el violín igual que el violincello. La contrincante mas dura en esgrima. Modales mas que perfectos, porte inmutable y refinado. Excelente en negocios, hizo que todo lo que habían dejado sus padres creciera el doble, en una compañía llamada BlacRose. Sin lugar a dudas, es admirable… tal vez mas que eso.

Sin embargo, ella no es… como explicarlo, una señorita vivaz y sociable. Tiende a ser muy cerrada y no demuestra sus sentimientos en publico, es una fría Princesa del Hielo. Sus ojos son impenetrables, con solo verlos, sientes como el azul te consume y luego te hace tiritar. Tal vez, por eso Caleb es como es… el solo desea que vuelva a ser la chica que era. Pero sabe mas que nadie que eso no sucederá, y aun así no pierde la esperanza.

Todo su mundo cambio y ella no puede cambiar el pasado.

Exactamente habían pasado cuatro horas, dos en donde Caleb se había largado por milagro del destino y el resto mientras practicaba. La música era una de sus tantas pasiones y una donde podía pasar años sin darse cuenta que el tiempo había corrido. El mundo se volvió borroso, solo ella y las perfectas notas musicales.

-Señorita, su baño esta listo… recuerde que la reunión con el Amo Hiug se hará a la hora del almuerzo.- ella no supo en que segundo pero Samuel apareció, como siempre asomando la cabeza por la puerta y luego entrando con tranquilidad.

-Claro.- respondió ella dejando aquel instrumento con suma delicadeza y luego yendo hacia su mayordomo, el cual la reverencio y la siguió como de costumbre.

Entro al baño y se dejo envolver por el calor que emanaba la tina, se sentía reconfortante. Cerro los ojos unos segundos y luego suspiro.

-¿Qué sucede joven ama?- pregunto el acercando su mano al cuello de Celeste. Haciendo el mismo acto, alejando la cabellera de la muchacha, dejando al descubierto los listones que se desamarrarían con solo un suave tirón y por supuesto el pálido cuello con la cicatriz.

-Siento que algo esta tramando ese viejo, no me da muy buena espina su visita repentina.- aclaro mordiendo su labio.

-¿Tiene miedo?- su tono fue burlón y hasta algo condescendiente.

-Por supuesto que no.- rezongo de una, girándose de golpe encarando a su mayordomo. El cual ya la había desprendido de su amplio vestido y molesto corsé, ahora desabotonaba botón por botón de la fina ropa interior superior.

-Entonces, por que las dudas.- se encogió de hombros y dejo que luego la ropa interior inferior cayera al suelo. Ya su ama estaba completamente desnuda.

-Porque cada vez que aparece, solo causa problemas en la mansión y nos mete en un lio.- sus dientes rechinaron, recordando la ultima vez cuando Hiug dio un ultimátum, para luego aparecer como si nada y trayendo con el problemas de traficantes. Todo lo que se hace por la familia. A veces los lazos de sangre son una perdición.

Le tendió la mano para ayudarla a entrar en la elegante bañera. La chica metió lentamente un pie y luego otro, recostándose en la suavidad del mármol blanco. El agua caliente le adormilaba la piel y los asentidos, acompañadas con esas suaves fragancias… cualquiera caería en los brazos de Morfeo.  Salvo que el mayordomo en ese momento, se encontraba lavando cada parte del cuerpo con una esponja a su señora.  Froto y enjabono cada parte de toda la extensión de piel blanca de la rubia.

-Samuel. ¿Crees que mi alma sabrá deliciosa?- Celeste pregunto de la nada en un tono despreocupado, tomando un puñado de espuma y luego soplándolo, llenando la habitación de burbujas. El mayordomo rio y sonrió maquiavélicamente. Esa pregunta sonaba, interesante.

-Estoy mas que seguro de eso.- susurro el, a milímetros del oído de ella y luego bajando un poco mas. Llegando justo a la marca. Tomo toda la cabellera y la llevo a un lado, decidido a acercarse. La piel tersa de la muchacha se sentía como terciopelo y el aroma a suaves rosas. Los cabellos como la noche del hombre rosaban el cuello de la chica y los ojos se mantenían clavados en la estrella encerrada en púas. La lengua de Samuel recorrió toda la extensión que llevaba mirando desde hace rato, causando escalofríos en la joven dama- Créeme, es mucho mas que deliciosa.- termino de aclarar sensualmente, volviendo a su trabajo.


Bueno, por fin el cap. Tal vez luego de años que se me olvido y estuve mega ocupada. Pero en fin, aqui esta. Espero sus opiniones para saber si les gusta, el cap siguiente lo colgare la proxima semana. Creo que el miercoles o martes. No es que no este listo, es que quiero darle tiempo a este...a ver si alguien lo lee. Okey, que forever alone sone. En fin, yo piro espero les guste. Las quiero mucho mis amores precioses. Nos andamos leyendo. Chaii :3

2 comentarios:

Gise dijo...

¡Hola Vivi! ¿cómo estás? Y ¡me encanto! me encanta tu forma de narrar, y uhh que final de capítulo *-*. Me has dejado muy intrigada. ¡Espero el próximo capitulo pronto :D! Pero, tú tranquila escribe cuando puedas, yo también siempre estoy ocupada, así que comprendo a la perfección. Creo que voy a terminar hechizada con el mayordomo *-*.
Cuídate muchísimo, y adiós.

Emma. dijo...

Super genial todo! Y super lost tambien xd.
Me encanto el cap y no puedo esperar por leer más :P
Bueno, super corriendo paso por aca y te dejo mi coment, hablamos.